Es una respuesta involuntaria del cuerpo ante un pensamiento. Es un proceso físico químico que está ocurriendo en el interior del organismo y que afecta a todo el cuerpo. Las emociones no se sienten en el cerebro, se sienten en el cuerpo.
Las emociones en sí mismas no causan enfermedades. En algún momento de tu vida puedes sentir tristeza, preocupación, rabia, miedo… y no por ello enfermas. Sólo son causa de enfermedad cuando hablamos de emociones tóxicas, aquellas que son duraderas o muy intensas y que no se han podido expresar adecuadamente. Estas emociones te bloquean o paralizan e impiden que puedas disfrutar de una vida plena.
En lo que se conoce como sistema límbico, o cerebro emocional y concretamente en la amígdala cerebral que procesa todo lo relativo a nuestras experiencias emocionales. Es la responsable de que podamos escapar de situaciones de peligro, pero también es ella la que nos recuerda traumas de la infancia, o situaciones que nos han hecho sufrir. La amígdala es como la caja donde se almacenan nuestros recuerdos.
Nuestro diálogo interno tiene repercusiones no solo en el estado de ánimo sino también en nuestro cerebro. Este diálogo puede apoyarnos o hundiros.
Según como te hables a ti mismo, así te vas a sentir, y según te sientas así vas actuar.
Tomar conciencia de tu diálogo interno es el primer paso para superar las emociones tóxicas. No podemos desprendernos de algo que no reconocemos que tenemos.
Para terminar, recuerda que tú no eres responsable de todo lo que sucede en tu vida, pero SI eres 100 % responsable de como reaccionas ante estos acontecimientos.
C/ LUIS IGLESIAS IGLESIAS 1-1º B
15702 SANTIAGO DE COMPOSTELA
LA CORUÑA