LA ALIMENTACIÓN COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA parte 2

 

La Macrobiótica no es una dieta, es una filosofía de vida que defiende que es posible mantenerse sano o curarse a través de la alimentación viviendo en armonía con la Naturaleza.

Para que un alimento tenga efectos terapéuticos, tendría que reunir una serie de características como:

-Ser un alimento NATURAL, es decir, tal como aparece en la NATURALEZA, por tanto, eliminaremos aquellos alimentos procesados o a los que se han añadido conservantes, aditivos, colorantes…

-Un alimento BIOLÓGICO es aquel al que no se la ha añadido abonos químicos, pesticidas… Hasta hace poco se utilizaban abonos naturales como el estiércol y el compost.

Añadir los abonos químicos va a aumentar la producción de las cosechas y en consecuencia va a provocar que los niveles del magnesio disminuyan y aumente de manera desproporcionada el potasio, favoreciendo la retención de líquidos.

-Y debe ser alimento INTEGRAL, o sea, alimento completo al que se le ha eliminado solamente las partes fibrosas que no son aptas para el consumo. Los alimentos integrales son ricos en minerales, vitaminas, antioxidantes, fibra y otros nutrientes.

¿Por qué entonces se decide refinar los alimentos? Entre otras razones encontramos que son más ligeros, el sabor un poco amargo de algunos cereales integrales desaparece al refinarlos, son más fáciles de masticar, mucho más dulces y en general tienen una vida bastante más larga. Así, por ejemplo, cuando se refina el trigo, disminuye la cantidad de oligoelementos, vitaminas y minerales, perdiendo la fibra y los ácidos grasos contenidos en el germen del trigo, desapareciendo la energía vital y la capacidad de germinación.

Cuando el alimento no es natural, ni biológico y además está refinado, tenemos un alimento muerto y desequilibrado en cuanto a sus nutrientes.

La Macrobiótica contempla los alimentos no solamente por su composición química, sino también por valor energético.

Si estamos sanos, un alimento natural, integral y biológico nos proporcionará todos los nutrientes necesarios. Además, va camino de convertirse en un alimento terapéutico, o sea que es capaz de restablecer el desequilibrio energético que causa la enfermedad.

Desde el punto de vista energético los alimentos se pueden agrupar en función de su energía contractiva o expansiva, o los que son calentadores o enfriadores.

Los alimentos contractivos son, por ejemplo, sal, embutidos, quesos curados, carnes rojas, huevos, empanadas, barbacoas, pizzas etc. El exceso de estos alimentos va a provocar a nivel físico: contracturas, tensión muscular, endurecimiento de arterias, cálculos renales o vesiculares, y en el plano psicológico, el bloqueo emocional, introversión, dificultad para expresar sentimientos, comportamiento irritable…

En cambio, son alimentos expansivos: azúcar, dulces, alcohol, refrescos, chocolate, harinas, lácteos…Favorecen a nivel físico anemia, cansancio, bajada de defensas, obesidad, flaccidez, varices, falta de memoria… A nivel psicológico favorecen la extroversión, falta de control de emociones, llanto fácil, dependencia emocional, depresión, baja autoestima…

Otro factor a tener en cuenta es el efecto enfriador. Así, por ejemplo, una persona padece cistitis de repetición y en su dieta abundan alimentos enfriadores como ensaladas, zumos de frutos, frutas crudas, helados etc. Muchos de estos alimentos se consumen crudos. Estos alimentos van a aportar mucho más frío a su cuerpo y será bastante difícil que solucionen las cistitis de repetición que aparecen cuando el cuerpo se enfría. De nada vale abrigarse mucho externamente, porque es el frío interior el que de verdad le enferma.

Los alimentos calentadores, son aquellos que nos calientan internamente como, por ejemplo, carnes rojas, vísceras, huevos, quesos curados, legumbres, jengibre, avena, col, huevo, sal…alimentos que se consumen asados, fritos, etc.

Para completar, el alimento terapéutico debería alcalinizarnos. La sangre es ligeramente alcalina y los alimentos que consumimos deben mantener esa alcalinidad. Los alimentos como harinas refinadas, dulce, miel, carnes, huevos…acidifican el medio interno y, por tanto, favorecen la desmineralización. La falta de minerales puede manifestarse como caída de pelo, uñas frágiles, sangrado de encías, debilidad general… En cambio, los alimentos alcalinizantes son verduras, legumbres, cereales integrales, algas, miso, tamari, etc

Hipócrates, el padre de la medicina decía, “que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”. Solamente hace falta que al alimento reúna las características descritas:

NATURAL, BIOLÓGICO, INTEGRAL Y que ALCALINICE el medio interno para tener un alimento que resulte terapéutico.

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