Mi conversación con un Rododendro

Conversando con un Rododendro

El otro día escuche la lluvia golpeando en el cristal, me acerque a la ventana todo estaba en silencio, cerré mis ojos y de pronto las gotas de lluvias al caer componían una suave melodía que ocupaba todo el espacio.  El aire tan limpio inundaba mis pulmones y mi cuerpo se llenaba de energía y paz.

Abrí mis ojos y pude contemplar al rododendro que tenía frente a mi venta, nunca lo había visto tan hermoso. Las flores que habían empezado a brotar iban cubriendo prácticamente todo el arbusto. Las hojas fuertes, de un verde intenso, lucían brillantes, libres de polvo después de caer sobre ellas las gotas de lluvia, y el viento suave que soplaba movía sus ramas con un balanceo armonioso que semejaba el danzar de una bailarina.

De pronto me pareció escuchar al rododendro preguntarme:

Oye, ¿Qué estaba pasando?

¿Dónde estaban todos?

¿Qué pasó con la gente que iba corriendo a todas partes, y los niños que saltaban, gritaban o reían camino del colegio?

Y los coches que cuando pasaban rápido removían con brusquedad mis ramas y me intoxicaban con los gases que desprendían sus tubos de escape.

¿Qué paso con la intensa contaminación que no me dejaba casi respirar y dificultaba tanto mi trabajo de purificar el aire?

Yo le respondí:
Pero…¿No lo sabes?

¿No te has enterado del virus tan contagioso que nos ha obligado a parar?

No, no lo sabía, yo solo sé que no recuerdo haber vivido nunca tanta paz y armonía y es algo que veo reflejado en toda la naturaleza. Los árboles, las flores, el campo lucen sus mejores galas. Los pájaros cantan como nunca lo hicieron, las abejas circulan libremente de flor en flor…todo está en calma y desearía que siguiese así.

Aunque me gustaría ver a las personas caminar, sonreír, cogerse de la mano. Ver a los niños reír, jugar… desearía de corazón que cuando salgan del encierro hayan aprendido que tenían que cambiar. Que, si solamente se concentran en ser productivos, en siempre estar ocupados, no parar nunca, vivir en piloto automático, puede que les proporcione más reconocimiento profesional, más ganancias… y que lleguen a creer que el HACER los define, y eso es un error.

En el constante hacer se han olvidado de parar, de respirar, de sentir y hasta de escucharse. Centrarse en lo superficial, en lo material les distancia de lo verdaderamente importante que es el trabajo con uno mismo, aprender a meditar, momento en el que vivimos el presente y conectamos con el SER, nuestra esencia, lo que nos lleva a tomar decisiones porque nos apetece y no por complacer a otros o buscar su reconocimiento.

Me quedé fascinada con sus reflexiones y pensé, cuánta razón tiene, el es el fiel reflejo de cómo deberían ser las cosas, existir con el único objetivo de SER la mejor versión de uno mismo.

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